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Por Rubén Boggi Director de www.diariamenteneuquen.com.ar El gobierno espera que en los próximos días se concrete el compromiso de financiar Chihuido I. Es la mejor esperanza para sobrellevar lo que resta de la gestión con algo más que remiendos a la realidad. Cristina llegará y anunciará obras ya anunciadas. La ansiedad del gobierno neuquino en esta semana tocará niveles superlativos. Es que puede recibir, si las cosas salen como espera, un respaldo –el primero, en realidad, tras un año y medio- de parte del gobierno nacional que será clave: la carta compromiso, el paper, el documento que deje asentado, firmas mediante, la promesa de financiamiento concreto para hacer la represa Chihuido I, una mega-obra de otros tiempos, un emprendimiento que además de garantizar resultados a corto y largo plazo, asegurará más de 4.000 puestos laborales en la provincia durante más de cuatro años.
La firma más importante que figuraría en ese documento sería la del administrador de ANSES, Amado Boudou. El hombre, kirchnerista en ascenso y protegido tanto por Cristina como por Néstor Kirchner, se atrevió a dar el sí al financiamiento del 70 por ciento de Chihuido –son unos 700 millones de dólares- ante un funcionario neuquino, que lo había ido a visitar en su despacho para hacer la oferta, descreído ya de tantas promesas recibidas en innumerables oficinas del gran poder central K. “Por fin una obra que le puede dar sentido a la plata de los jubilados”, dijo (dicen) Boudou, cansado ya de financiar insólitas ventas de bicicletas y lavarropas solo existentes en el fantasioso mundo de la burbuja oficialista. Tras la firma del documento que espera el gobierno de Sapag se concrete en esta semana, llegará la visita a Chos Malal de Cristina Fernández. El MPN se apropiará de ese gesto, que lo mostrará como principal socio del kirchnerismo en la práctica, lejos de los casi humillantes tropezones del peronismo neuquino. La presidente/a –dicen- anunciará obras ya anunciadas pero no concretadas, necesarias en la zona norte, como por ejemplo el puente sobre el río Curi Leuvú, que fue desbordado en el último temporal registrado en la zona norte, una obra clave en la comunicación vial de esa región de la provincia. Quedaría huérfana de anuncios y pendiente otra obra, que ya está licitada y adjudicada por Vialidad Nacional, pero que no empieza, trabada por la inoperancia burocrática y la resistencia de algunos chacareros a la expropiación para ellos desventajosa: la de los accesos al tercer puente sobre el río Neuquén, entre Cipolletti y la capital neuquina. Es una obra de relativa baja inversión, pero de altísima importancia estratégica, ya que es la que le da sentido a la autovía que construye Neuquén, con plata de los bonos del gobierno de Sobisch, y que permitirá solucionar el colapso gravísimo del tránsito por la multitrocha de la ruta 22. Con todas las velas encendidas en el altar de Chihuido I, el gobierno de Sapag solo puede aguantar el cimbronazo de la crisis. Con un hemisferio cerebral intenta apaciguar a los gremios estatales concediendo plata aquí y allá, mientras el Tesoro sigue “al rojo vivo”; y con el otro busca remendar la desazón de la actividad privada, que sigue cayendo a la par de la desinversión petrolera. El último acuerdo alcanzado en el sector del petróleo y del gas es una curita aplicada sobre una herida abierta y profunda: es evidente que el poderoso sector empresario petrolero no está dispuesto a conceder más al gobierno de los Kirchner; y hasta un grupo “amigo” como el de Eskenazi, socio de Repsol en YPF, reclama volver a las tradicionales reglas de juego del mercado para volver a hacer atractiva la inversión en los hidrocarburos. Es tan disparatada la política nacional respecto de la producción y uso de la energía, que el precio internacional del petróleo ya ni siquiera conmueve: en la última semana rozó los 60 dólares, el precio más alto en los últimos meses, y no hubo siquiera un esbozo de sonrisa entre funcionarios y empresarios: saben que el gobierno es impredecible, y esa es la principal causa de la atonía. |